La traslación de los restos mortales de Méndez Núñez

Mendez Nuñez

De todos es sabido que el héroe del Callao vertió su sangre por la patria en la Numancia, testigo, el 2 de Mayo de 1866, de su valor en el combate, como lo fuera de su arrojo de experto marino cuando emprendió con aquel buque la senda que trazó Magallanes cerca de cuatro siglos antes, y que ningún acorazado había hasta entonces emprendido.

Repuesto en el viaje que, después del combate, realizaron los buques por el cabo de Hornos, conservó Méndez Núñez el mando de la escuadra hasta el año 1868 en que fue llamado a España por el primer Gobierno provisional de la Nación, de quién modestamente rehusará el segundo entorchado; mas las fatigas de la ruda campaña habían gastado su fuerte naturaleza, y su salud fue decayendo lentamente, hasta que se extinguió su vida tan preciada, en Julio de 1869.

La piedad y el amor de una madre, en cuyo corazón no caben ni aun las pasajeras ingratitudes o distracciones de la patria, hicieron llevar los restos mortales del héroe á una modesta capilla, en las playas del Con, sobre la ría de Vigo, donde, si no les rodeaba la vanidad del mundo, reposaban al menos entre el amor de la familia y caían sobre ellos las lágrimas de una madre, lágrimas que nunca hubieran alcanzado hasta la altura a que elevan los hombres el frío mármol de las estatuas de los héroes.

Aquí yacía Méndez Núñez: hace algunos años, empero, nuestro augusto Monarca, que visitaba a Vigo y retenía en la memoria la impresión de entusiasmo y de júbilo que, niño aún, vio difundirse por el regio alcázar al llegar las primeras noticias de un día glorioso para la Marina española, tuvo la inspiración feliz de hacer justicia al olvidado Méndez Núñez, y decretó la traslación de sus restos mortales al Panteón de Marinos ilustres de la ciudad de San Fernando.

Dificultades sucesivas habían retardado el cumplimiento de aquel mandato, hasta que el actual Ministro de Marina dispuso que se llevase inmediatamente a efecto, reservando el honor de hacer el transporte de tan sagrado depósito a la fragata Lealtad, escuela de Marinería, que, procedente de Inglaterra, se dirigía a Cádiz.

El 4 del mes corriente dio fondo dicho buque en Vigo, y por circunstancia providencial, que ha contribuido a dar mayor ostentación al acto, acababa de fondear también en la ancha bahía una escuadra inglesa, compuesta de los seis acorazados Minotauro, Ajincourt, Sultan, Neptuno, Achiles y Northumberland, al mando del almirante Dowell, quien, sabedor del objeto que motivaba la presencia de nuestra fragata en el puerto, e invitado a concurrir al acto con sus oficiales, ofreció desde luego, no sólo su asistencia personal, sino todos los recursos materiales de su escuadra, si se creía oportuno utilizarlos, agregando espontáneamente que tendría verdadera complacencia en tributar honores fúnebres a los restos de Méndez Núñez en igual forma que si nuestro héroe hubiera sido contraalmirante de la armada británica.

Permítasenos consignar sentida expresión de gratitud hacia el galante huésped, que, si espléndido fue en sus promesas, supero con hechos a lo que había ofrecido de palabra.

Puestas de acuerdo las autoridades, y designado el día 9 del corriente para el acto de la traslación, verificóse ésta con el ceremonial ya convenido de la siguiente forma:

Desde la tarde dle 8 empezaron a doblar campanas de Vigo por su ilustre hijo Méndez Núñez, al cual apenas había tenido ocasión de albergar en su recinto desde los primeros años de su niñez, hasta que le recibió ya cadáver, pero ornado su nombre con los laureles de los héroes, con la veneración que inspira la memoria de los hombres insignes.

A las nueve de la mañana, el vapor María y los botes de la fragata Lealtad transportaron, desde el muelle de Vigo a las cercanías del Con, a las autoridades, corporaciones y personas invitadas, a la vez que el almirante Dowell y su segundo, el contraalmirante Wilson, amigo personal que fue de Méndez Núñez, a quien conoció en el Pacífico, salían del Minotauro con doce botes de su escuadra.

Llegado el cortejo al Con, donde fue recibido por le Sr. Rabiano, hermano político de nuestro malogrado almirante, dirigiéronse todos a la capilla en que se hallaban sepultados los restos, y en la cual se levantó un acta, por el notario Sr. Rodal, haciendo constar la identidad de aquellos restos; acta que se dignaron firmar como testigos, además de los instrumentales, los dos almirantes ingleses, el comandante de la Marina de Vigo, Sr. López de Haro; el gobernador civil de la provincia, Sr. Matos; el comandante de la Lealtad, Sr. Castro; el alcalde de Vigo, Sr. Domínguez; el comandante del acorazado inglés Minotauro, los diputados provinciales Sres. Neira e Iglesias, el párroco de la Lealtad, Sr. Feijóo, y el castrense de Vigo, Sr. Pérez.

Embarque Féretro Méndez Núñez
Embarque del féretro en el muelle del Con

Encerrados los restos en una preciosa caja de madera negra, con terciopelo y oro, depositadas sobre ella las insignias de la elevada jerarquía del finado, y algunas coronas, y cantadas las preces de la Iglesia, el féretro, en hombros de marineros, precedidos de la cruz parroquial de San Juan de Terán (a cuya jurisdicción corresponde el lugar del primer enterramiento), escoltado por guardias marinas y cabos de cañón de la fragata Lealtad y seguido del párroco de dicha iglesia, de las autoridades, invitados y numeroso pueblo de las aldeas inmediatas, fue trasladado hasta el muelle que se había improvisado para el acto, y a partir desde el cual formaban ordenada calle, hacia el de Vigo, multitud de embarcaciones del comercio, de la pesca y del tráfico del puerto.

Allí el Sr. Rabíano, en nombre de la familia, consumó el sacrificio de desprenderse de aquellos restos queridos, cediéndolos a la Nación, que tal aprecio hacía de ellos, y en cuyo nombre los recibió el Sr. Comandante de Marina de la provincia de Vigo,

En el momento de embarcar el féretro, todas las embarcaciones del puerto, militares y mercantes, así como nacionales y extranjeras, arriaron sus banderas a media asta; la fragata Lealtad disparó dos cañonazos y embicó sus vergas, como anuncio de muerte de los comandantes generales de escuadra; los acorazados ingleses izaron la bandera española en el palo mayor, a medio mastelero; el Minotauro , buque de la insignia, disparó trece cañonazos, como en los funerales de tenientes generales, y los fuertes de Vigo anunciaron al pueblo su duelo con dos cañonazos y sus banderas arriadas.

Embarcados los concurrentes en los botes, se puso en marcha el cortejo de la manera que sigue :

  • Fila central: Bote de acero de la fragata Lealtad con algunos marinos de los que hicieron la campaña del Pacífico; bote de vapor de la fragata Lealtad, conduciendo la guardia personal del difunto, compuesta de cabos de cañón, con armas a la funerala, y mandada por el de la misma clase Pedro Álvarez, que se halló en el combate del Callao; a remolque del anterior, falúa de la Comandancia de Marina de Vigo, enlutada, con atributos de Marina, y la insignia de contraalmirante a media asta; el féretro, alzado en alto, y cubierto de coronas; cuatro guardias marinas de la Lealtad, armados, custodiándolo; el capellán de la fragata (uno de los que se hallaron en el combate del Callao), con estola; dos contramaestres de proeles, y al timón, el tercer comandante de la fragata Lealtad,Sr. Auñón, que sirvió como guardia marina a las órdenes de Méndez Núñez, cuando éste era comandante del vapor Isabel II en la guerra de Santo Domingo; vapor María con el duelo, las autoridades y el comandante la Lealtad, actor en el combate del Callao; falúas de vapor de los almirantes ingleses.
  • Filas laterales, llevando en medio la anterior; Botes ingleses con oficiales de la escuadra, y botes de la Lealtad con oficiales de Marina españoles; falúas de Sanidad y Carabineros, con funcionarios civiles; más botes ingleses, y canoas y botes de la Lealtad con oficiales de nuestro ejército; los cónsules extranjeros y las Sociedades particulares de Vigo, cerrando la marcha algunos botes del comercio, de la pesca y del tráfico del puerto.

En este orden pasó la comitiva por entre los buques de la escuadra inglesa y por la popa de la Lealtad, cuyas guardias, formadas en las toldillas, y tocando las músicas en los buques británicos, hicieron los honores correspondientes al finado.

Mendez Nuñez Vigo
Llegada del convoy al muelle de madera, saludado por la escuadra inglesa del Almirante Dowell

Al llegar a los muelles de Vigo, fue recibido el féretro en cuadro de honor, cuyo centro ocupaban el clero y la cruz parroquial de Santa María; 200 marineros ingleses, en traje de campaña, con armas presentadas, una compañía de 100 marineros armados de la fragata Lealtad, una compañía de Artillería del ejército, otra de Infantería y 20 guardias civiles, e instantáneamente quedó cubierto de coronas preciosas de gusto y valor, con diversas dedicatorias en sus cintas.

Poco después se puso en marcha el cortejo por entre apiñada muchedumbre, en el orden siguiente : 20 guardias civiles armados; hermandades y gentes del pueblo, con cirios; féretro, en hombros de marineros de la Lealtad, y llevando las cintas el comandante de dicho buque, un jefe del ejército, el alcalde de Vigo y un miembro de la Diputacion provincial; a los lados, como guardia de honor, cuatro guardias marinas armados, cuyos nombres citaremos, para que siempre conste quiénes tuvieron tal honor, y fueron los Sres. González Quintas, Ruiz Moro, Reina y Peredo; la guardia personal del difunto, con armas a la funerala, en dos hileras, a los costados; el segundo y tercer comandante de la fragata Lealtad; música de capilla; cruz y clero parroquial de Santa María; duelo, del cual formaban parte los párrocos de Santa María y castrense, el vicealmirante inglés Dowell, el comandante de Marina de Vigo y los Sres. Rabiano y Urzaiz, de la familia del finado ; corporaciones civiles, jefes y oficiales del Ejército y Armada, Sociedades particulares, contraalmirante Wilson y oficiales de la escuadra inglesa, cuerpo consular y demás invitados al acto; Ayuntamiento de Vigo, en corporación, con maceros; gobernador civil de la provincia llevando a su derecha al brigadier gobernador de la plaza, y a su izquierda al segundo jefe de la provincia marítima de Vigo ; 200 marineros ingleses, armados con carabina y en traje de campaña; compañía de marineros armados de la fragata Lealtad, en columna de secciones con distancias; compañfa de Artillería del ejército, y compañía de Infantería.

calle del principe de Vigo
Paso del cortejo fúnebre por la calle del Príncipe de Vigo

El tránsito por las calles de Vigo prestó motivo para admirar la imponente manifestación de respeto tributada por el pueblo al ilustre hijo de la ciudad: las calles, los portales, los balcones (que en su mayor parce ostentaban colgaduras con crespones), las plazas y los atrios de las iglesias, estaban cubiertos por inmensa multitud, deseosa de despedir al que en vida hizo honor a aquel suelo tan querido, y en varios sitios hubo necesidad de interrumpir la marcha para colocar en el féretro nuevas coronas y sacar vistas fotográficas.

Al llegar a la plaza de la iglesia, la marinería inglesa volvió á formar en cuadro de honor, con armas presentadas, en tanto que nuestros marineros, unidos a las fuerzas del ejército, hacían las descargas reglamentarias. Situado el féretro en la nave central, sobre elegante túmulo rodeado de atributos militares, empezó el funeral (dispuesto y costeado por el Ayuntamiento), cantándose la misa de Réquiem y terminando con la notable oración fúnebre, en que el ilustrado Sr. Vicario de Santa María hizo el elogio de las virtudes militares y cívicas, y principalmente de las virtudes cristianas que adornaban á nuestro malogrado Almirante.

A las tres de la tarde volvió á ponerse en marcha la comitiva hacia el muelle de piedra, donde, embarcado en igual forma que habia venido desde el Con, fue conducido a la fragata Lealtad; al entrar el féretro á bordo, recibiólo la marinería armada con los honores debidos; las guardias de los buques ingleses volvieron á aparecer sobre las toldillas con armas presentadas, tocando sus respectivas músicas; la Lealtad desplegó a medio palo la insignia de contraalmirante, que saludó el cañón en forma reglamentaria, y repitió la salva el Minotauro, elevándola hasta trece cañonazos, como a vicealmirante, y continuando toda la escuadra con las banderas españolas á medio mastelero hasta ponerse el sol.

Salida de la fragata «Lealtad» para San Fernando (Cádiz), conduciendo los restos.

El cadáver fue colocado en la cámara del comandante, quien recibió el valioso depósito, juntamente con la llave del féretro y el acta que acredita la autenticidad del contenido, y en seguida fué expuesto al público en la magnifica capilla ardiente preparada al efecto, y que causó grata sorpresa a los visitantes: en el centro de la cámara se alzaba un pedestal enlutado con franjas de oro, y sobre él se depositó el féretro, cubierto de coronas y rodeado de blandones, puestos en caprichosos candelabros, artísticamente forrados por una combinación de engranajes y ruedas dentadas de máquinas y tornos, que fueron objeto de general curiosidad. Un guardia marina armado hacía centinela de honor al cadáver.

Tal ha sido la solemnidad, que deja imperecedero recuerdo en la ciudad de Vigo, y que no puede menos de lisonjear, tanto al pueblo natal del ilustre Almirante, como á los cuerpos de la Armada, que ven al fin hecha justicia al hijo predilecto y al jefe distinguido, que consagró su vida entera a hacer acopio de laureles, para legarlos luego á la Marina y a la patria.

Vigo, 12 de Junio de 1883

(Sin firma. Publicado en el número XXIV de La Ilustración Española y Americana en Madrid, el día 30 de junio de 1883)

(Dibujos de Caula, según croquis del natural por el Sr. Ferrer Yáñez, y fotografías de los Sres. Franco y Novoa.)

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