La economía mundial se ha visto fuertemente influida por dos factores, desencadenantes de un nuevo escenario económico, que pueden explicar el origen de la crisis actual: La caída del muro de Berlín en 1989 y la apertura de China al mercado mundial como colofón a la decisión de Deng Xiaoping, en 1984, de hacer del gigante asiático “un país, dos sistemas”.
La caída del muro trajo consigo la necesidad de la reconstrucción de Alemania, que se convirtió en un foco de atracción para el establecimiento de un sistema de sobreproducción que cubriese semejante demanda puntual. China aportó al mercado una enorme capacidad productiva, fuertemente competitiva, que dejaba fuera de juego a gran parte de las industrias europeas y norteamericanas. Una caída drástica de la demanda de productos nacionales, quebró la rentabilidad de las empresas locales. En paralelo grandes cantidades de fondos excedentes se refugiaron en el sector financiero.
Como consecuencia de todo ello empezó a crearse una enorme divergencia entre una economía financiera hiperactiva y una economía productiva en stand by. Las operaciones financieras no crean valor añadido, ni crean valor. Se dedican a extraer un plus sobre el valor creado. Generan beneficios, pero valor lo crea la industria, el comercio, los servicios, la economía real en una palabra. Dado que el beneficio financiero no crea valor, las inversiones son absolutamente volátiles y alejadas del valor real de los bienes a los que se refieren. La vuelta a los valores reales de dichos bienes suele ser brusca, dramática, fulgurante y global. El triste despertar de un dulce sueño.
Parece que los agentes económicos están todos despiertos ya. Pero el problema de la sobreproducción no está solucionado. Los fabricantes de automóviles parecen tenerlo claro. Sin embargo no se atisba ni el más mínimo signo de que haya voluntad política ni medidas para ajustar las producciones a la demanda real. Aducen que no actúan sobre la oferta para evitar daños sociales, y financian la demanda.
Churchill le dijo a Chamberlain a su regreso de Munich: “Usted pudo elegir entre el deshonor o la guerra; eligió el deshonor y tendrá la guerra”. Qué no llegue el día que tengamos que decirles a nuestros dirigentes: “pudieron elegir entre la regulación de la producción o la subvención para evitar un estallido social; eligieron la subvención y tendrán el estallido social”.
Markus Leroy




by el campesino
29 Jun 2009 at 14:01
Mario Conde habla tambien de un posible estallido social en una entrevista que le hacen en un periodico denominado Faro de Vigo. Parece que nuestros dirigentes no conocen la historia y eso les lleva a repetirla.
by Markus Leroy
29 Jun 2009 at 14:12
Muchas gracias por su comentario.