Paseando por las calles de mi ciudad observo con asombro como lo qué antes eran los escaparates de boyantes comercios, cafeterías llenas de gente, incluso negocios de todo a 100, se han reconvertido en enormes tablones de anuncios. Una nativa inglesa da clases de su lengua materna. Ha pegado en la cristalera un anuncio del que se pueden desgajar tiras con el número de un móvil de contacto. Lo puede acompañar el de un fontanero “milideas”, como se llamaba el de mi barrio cuando yo era pequeño, que hace cualquier trabajo casero. Sus tiritas acompañan a un cartel con la fotografía de un cocker spaniel que se ha perdido y que su dueño gratificará a quién pueda dar alguna noticia de él. Atiende por “Sultán”.

No hay ningún tipo de composición organizada; los antiguos, amarillentos por el sol, acompañan a unos nuevecitos. No falta, muchas veces camuflado, él que anuncia qué el local se vende o se alquila, o se traspasa. Algunos anunciantes sin escrúpulos pegan su nota encima de otras anteriores.

El polvo cubre el cristal por dentro y por fuera haciendo que poco a poco se vuelva opaco. Pena, mucha pena.

Cada vez hay mas escaparates reciclados. Nuevas ilusiones de trabajo que respiran a través de las tiritas numeradas y crecen sobre las cenizas de otras muertas en el intento de perdurar. Energías renovables; reciclaje de ilusión. Tablón de anuncios.

Markus Leroy
 


Share and Enjoy:
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • Meneame
  • Yahoo! Bookmarks
  • Technorati
If you enjoyed this post, make sure you subscribe to my RSS feed!