El dato del paro anunciado esta mañana vuelve a incidir como gota malaya o martillo pilón sobre la conciencia de los responsables de atajar esta sangría implementando la no por manida menos exigible reforma del mercado de trabajo.
Como la lógica recomienda y la teoría defiende hay que dejarse de falsos discursos demagógicos y pasar de una vez a la acción. Los ciudadanos no podemos permanecer impasibles ante semejante dejación de funciones amparada por una falaz cantinela que se repite una y otra vez mentando hipócritamente al "mantenimiento del nivel de prestaciones sociales". Ese carácter de permanencia es imposible con cuatro millones de parados y una pirámide poblacional como la que tenemos. Imposible e impagable.
Por lo tanto hay que identificar y separar el grano de la paja para poder tomar medidas que logren un gran pacto de todos, generoso y sincero, y que permita un marco más proclive a la generación de empleo.
Proponemos los siguientes axiomas que con carácter general, no exhaustivo, deberían tenerse en cuenta:
1. Adaptación.
Es necesario adaptar de manera dinámica y continúa la regulación de las relaciones laborales a las nuevas situaciones que la competitividad global obliga. Reglamentos establecidos en períodos autárquicos no son válidos para la globalización comercial del siglo XXI. Las eventuales modificaciones que los mucho más cortos plazos de tiempo establecen hoy en día para el nacimiento, desarrollo, madurez, decadencia y muerte de los nichos de mercado y por tanto de las actividades empresariales generadoras de empleo, obligan a estructuras flexibles, solidarias y justas, redefinidas a tal fin. Nadie puede asegurar un puesto de trabajo más allá de lo que no puede establecer la duración de la actividad empresarial.
2. Simplificación.
La simplificación de todos los procesos que intervienen en la creación, financiación, contratación, fiscalidad, apoyo, y de manera general en todo aquello que tiene que ver con la ecología empresarial entendida como generadora de empleo, debe llevarse a cabo de manera urgente e ineludible.
3. Aceleración.
La implantación con carácter inmediato de los dos puntos anteriores obliga a acelerar los pasos encaminados a obtener el consenso entre todos los agentes económicos, sociales y gubernamentales con papeles estelares en ese gran Pacto Nacional por el Empleo, y en consecuencia la aceleración de la adaptación y la simplificación.
4. Particularización de los sectores y de las empresas.
Los convenios colectivos que seguramente jugaron un papel importantísimo antaño no tienen validez hoy pues no cumplen con el necesario requisito de la individualización que los diferentes sectores empresariales, sometidos a reglas de mercado variables, y que además engloban empresas multinacionales, grandes, medianas y pequeñas, requieren. El café para todos, tan criticado en otros ámbitos de la acción política, cuando de creación de empleo se trata es impensable. Por tanto el estudio de las problemáticas particulares y la libertad a la hora de que las empresas se autorregulen, en primera instancia, en sus relaciones laborales es perentorio.
5. Mentalización.
Un cambio de mentalidad es obligatorio en todos y cada uno de los estamentos y actores del empleo. Empezando por la Administración. Apuntamos algunas ideas que atañen por igual a empleadores y empleados:
Los derechos adquiridos lo son en tanto en cuanto las condiciones que los permitieron y permiten se mantengan. No se debe consentir la arbitrariedad o el abuso contra ellos, la ley y la justicia los defienden, pero no son eternos. Un cambio en las condiciones obliga a cambiarlos. Para unos y para otros. Empleadores y empleados.
Los trabajadores tienen derecho a un trabajo digno acorde con su preparación, su esfuerzo y sus cualidades. En contrapartida tienen el deber de mantener esa preparación, ese esfuerzo y esas cualidades. Por el contrario las empresas no pueden ofrecer subempleos a sus trabajadores y tienen el deber de mantener la acción empresarial acorde a su objeto social cumpliendo con las normas que la Ley establece para que no se interrumpa drásticamente la actividad por prácticas dudosas. En caso contrario aquella castigará como se merece semejante fraude para con sus trabajadores. La responsabilidad de los Administradores y de los directivos no debe ser nunca eludida. La Administración debería dar ejemplo en este sentido.
Como dijimos no queremos ser exhaustivos pero para empezar puede ser suficiente. Cuatro millones de parados y subiendo esperan que se haga algo. Ellos, sus familias y todos los ciudadanos que aún trabajan lo necesitan, lo esperan y lo exigen.
Markus Leroy
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