Mi amigo William Arundale, que es una mente preclara, mi instruyó hace muchos años en la importancia de no verse envuelto en una dinámica de muerte dulce. Yo nunca he jugado al mus, ni conozco sus claves, pero sí aprendí, gracias a él, lo de la muerte dulce. Parece ser que cuando juegas al mus y la diferencia de amarracos entre tus contrincantes y tú te es muy desfavorable, estás perdido. Ellos envidan y envidan, y te sacan y sacan los amarracos a los poquitos, dulcemente, para morir sin remedio. Es cuestión de tiempo, nada más.
Me acuerdo de esta enseñanza – que debía ser de inclusión obligatoria en nuestros planes de educación- y la vehemencia con que me la explicaba William al leer esta mañana que el Gobierno español va a reformar el ICO, Zapatero dixit: “para dar más agilidad y capacidad a la institución”. Antes del verano. Es decir con urgencia. Es decir que obligado acude al envite. “Veo” dijo el estadista. Pero no es el primer órdago. De hecho tras haber estado meses y meses diciendo “mus", pasando de la crisis y sus lances, de un tiempo a esta parte no hace mas que “ver”.”Recapitulemos para poder aclarar la evocación:
El Gobierno ha puesto en el mercado 40.000 millones de euros en créditos a través del Instituto de Crédito Oficial. Parece ser que hay que poner algún amarraco más en cima de la mesa. La magnitud de las cifras, no traducibles por el ciudadano a nada comparable en su nivel microeconómico, y la necesidad de ir a más envites, todos a la Grande, dan la sensación que la crisis no deja de envidar y va a levantar de la mesa al Gobierno y al ICO. Cuestión de tiempo. Las arcas públicas están sin amarracos, la Seguridad Social silba canciones de auxilio; alrededor de la mesa de juego esperan los acreedores de nuestra deuda exterior para, al menor síntoma de debilidad, caer sobre las piedras de nuestro jugador. La fatídica situación qué describió mi amigo preside la mesa de juego. Eso sí, la partida es larga. Y la muerte dulce.
Markus Leroy


