La alternancia en el poder es el mejor instrumento que la Democracia ha inventado para consolidarse como sistema político de representación y, por ende, tener la capacidad suficiente para otorgar a los ciudadanos el protagonismo que merecen y la posibilidad de ostentar el cargo que el sistema les reserva, que no es otro que la soberanía nacional.

Dos son las condiciones necesarias, aunque no suficientes, para que esta aseveración cumpla su función. En primer lugar que la ciudadanía acepte el cargo y la responsabilidad que su soberanía conlleva. En segundo lugar que no se adultere, mancille, dificulte, o escamotee la posibilidad de que dicha alternancia se produzca mediante la manipulación fraudulenta de la opinión pública. Posibilidad que se acrecienta de manera exponencial a medida que el criterio, la preparación y la formación de aquella disminuyen.

La primera regla, y por tanto, la que debemos preservar por encima de cualquier otra consideración y  cuyo estricto cumplimiento debemos exigir a nuestros representantes es la que establece que el Gobierno está para gobernar y la oposición para oponerse. Esos son sus respectivos trabajos. ¡Que fácil parece y que difícil es que se plasme en la práctica!  ¿Una perogrullada utópica?

Únicamente de la confrontación dialéctica gobierno-oposición expresada sin ambages ni sectarismos, entendida como regla fundamental en la que se sustenta la alternancia y la Democracia y expresada en buena lid puede este sistema madurar y consolidarse. 

Partidos políticos que se enfrenten mediante dicha dialéctica y que hagan de ella el elemento enriquecedor del régimen democrático; que tengan como fin último el alcanzar el poder para  plasmar en medidas de gobierno su programa; que entiendan que el poder es eso, el fin último;  que acepten que también se puede ser oposición y cumplir su papel como tal; cuyas prioridadades se basen en no escamotearle a la ciudadanía la verdadera soberanía nacional; esos son los partidos que hoy demandamos.

Una prensa independiente que haga de correa de transmisión de los proyectos e ideas libremente expresadas por el gobierno y la oposición para general conocimiento de los representados y encaminada a proporcionarles elementos de comparación entre las diversas propuestas y, en consecuencia, ser capaces de generar criterio propio en los ciudadanos; esa  es la prensa que hoy demandamos.

Una ciudadanía dispuesta a asumir su papel en el sistema, responsable de su soberanía, informada, no manipulable, y no sectaria, es la que hoy tenemos que ser.

Todo ello hará de la alternancia la herramienta básica para salir de la crisis. Hoy de ésta. En el futuro de cualquiera, sea cual fuere el gobierno, sea cual fuere la oposición.

Soñar también es necesario.

Markus Leroy

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