tarjeta-de-creditoLa ciudadanía acepta sin pestañear, mayoritariamente, que la clase política se ejercite en el “hablar por hablar” sin que por ello les cueste nada. Gratis total, como se decía, por otro motivo,  hace unos años.  Las declaraciones con respecto al repunte, los brotes verdes, o el final de la glaciación como metáfora del final de la crisis, inundan los medios de comunicación. Hablar por hablar. Hay una cala que no está sujeta a interpretaciones, sino que marca sin tapujos la cantidad de aceite que tiene el motor de la recuperación que se llama morosidad. Descontada la que podíamos definir como morosidad estructural, consecuencia de nuestro subconsciente colectivo personificado, entre otras figuras de la literatura patria , por el Lazarillo de Tormes, o Rinconete y Cortadillo – la picaresca en una palabra- el hecho de que la morosidad haya alcanzado el 4,42%, la mas alta desde el año 1996 , deja en evidencia cualquier comentario oficial emitido a humo de paja. Si el saldo de los préstamos otorgados es de 1,85 billones de euros, ese 4,42%, que dicho así parece poca cosa, representa alrededor de 83.000 millones de euros, traducido, 13 billones de pesetas; 13 millones de millones de pesetas. No hay motor que aguante sin gripar. No hay aceite. Hablar por hablar.

Markus Leroy

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