Los acontecimientos se precipitan. La concatenación de noticias a cada cual más grave desde el punto de vista económico, político y social, hacen que entremos en una espiral de vértigo donde ya no sólo el Gobierno puede perder sustentación, tal como avisábamos hace unos días desde esta plataforma, sino que el edificio social entero puede derrumbarse como las casas en Haití y los damnificados somos 45 millones de ciudadanos.
La inexorable confirmación de las consecuencias de hablar por hablar se muestra con toda su crudeza. Se acabó el tiempo de los discursos vacuos. Se agotó el plazo de mantener oculto al cadáver. "Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje (…), se acuerdan, flota. El crédito de confianza que depositaron los ciudadanos eligiendo a sus representantes en la última elección se ha vuelto fallido. Pasa a mora y tenemos que provisionarlo.
No es de recibo la aptitud ni la actitud de los que tienen en sus manos la capacidad ejecutiva y legislativa para implementar medidas urgentes que ayuden a salir de esta gravísima situación. (¡Por cierto el legislativo sigue de vacaciones desde diciembre!). Está en juego ya no sólo el presente de la comunidad sino que también el futuro de las generaciones venideras. Nos preocupa el cambio climático pero hoy, antes que el clima, tenemos que atajar el cambio social que la deriva de los acontecimientos puede llegar a provocar. El estallido social no es una quimera ni debe menospreciarse. Debemos preservar el “clima social” gravemente amenazado por los acontecimientos que se suceden sin solución de continuidad por la falta de un liderazgo efectivo y aglutinador que le declare la guerra a la crisis. Ello provocará que nos alistemos todos en ese ejército que ha de luchar contra ella para que la acción conjunta de todos los ciudadanos, táctica y estratégicamente consensuada por los partidos políticos sobre los que recae el Alto Estado Mayor de este ejército, consiga vencerla y nos haga volver a la paz.
Que la clase dirigente actual no sepa atajar la crisis es asumible por la ciudadanía. Dejen paso a otros más capacitados, que los hay. Que no actúen sabiendo lo que hay que hacer por causas ajenas al bien general, más bien impulsados por el objetivo de no perder su posición de privilegio, es criminal. Algún día se lo demandaremos. Ojalá que no sea ya demasiado tarde.
Markus Leroy
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