El fútbol ha ido madurando con el tiempo y se ha sabido adaptar de mejor o peor manera a los acontecimientos de la Historia reciente. Sobrevivió estoicamente a varias guerras (Civil y II Mundial), maduró con la Guerra Fría y ni se inmutó con la de Vietnam y tantas otras ajenas a los países donde se practica el juego con maestría. Con la masificación del deporte ahora denominado REY, todos hemos jugado una u otra vez a ser el técnico de nuestro equipo de corazón y escuchamos a diario en los lugares públicos de nuestras ciudades a anónimos entendidos del juego afirmar categóricamente y con cierto autoritarismo gratuito: “Fulanito no vale para nada”, “Debería haber jugado al ataque por las bandas”, “Perdimos porque puso el autobús”, y muchos otros comentarios sobre táctica, técnica, posicionamiento en el campo, motivación de jugadores y un largo etc.
El caso de la selección brasileña actual es un caso que alberga todo lo arriba mencionado. El fútbol brasileño sorprendió al mundo con aquel equipo fantástico de los Pelé, Jairzinho, Rivelino, Cerezo, Tostão, Gerson, “Dada” Maravilha… justo cuando el país vivía una dictadura militar represora y una censura altamente inquisidora. El futbol sirvió como bálsamo y como esperanza de un país que se moría (y aún hoy muere) por su selección y que entendió el futbol como el escaparate perfecto para mostrar al mundo la supremacía absoluta en el “jogo bonito” y olvidar la dura realidad en la que el país estaba inmerso, un paño de lágrimas de un pueblo mayoritariamente pobre y sin recursos que veía a los chicos de favela batirse con la todopoderosa naranja mecánica de Cruyff (el fútbol total) y la férrea Alemania del Kaisser Beckhenbauer.
El actual técnico Dunga, capitán de aquella selección brasileña de 94 que se proclamó tetracampeona del mundo en tierras americanas, hoy responsable técnico y portavoz de la selección, ha liderado a la “nueva Brasil” a conquistar la Copa Confederaciones, con más pena que gloria, sea dicho.
El discurso del fútbol es muchas veces injusto y olvidadizo. No tiene respeto por nada ni nadie. Habiendo conocido muchos diarios deportivos en diferentes países e idiomas puedo afirmar sin miedo a equivocarme que el idioma del fútbol es universal y los resultados son reflejados en los tabloides de igual manera ya sea en inglés, portugués, italiano, chino o español. Ayer en el minuto 70 de la segunda parte de la final de la Copa Confederaciones me imaginé a cientos de periodistas de todo el mundo escribiendo crónicas con palabras como “fracaso”, “debacle”, “vergüenza”, “renovación de plantilla”, “dimisión” pidiendo la cabeza del entrenador… Disfruté minutos más tarde, por ahí por el 84, imaginándomelos presionando la tecla DEL y encontrándose de nuevo con la bonita hoja en blanco del Documento Word, escribiendo “La Confecup encumbra a Kaka” que firma el siempre oportunista Alfredo Relaño, periodista de pluma fácil, de los que suscribe cualquier opinión políticamente correcta dependiendo de hacia donde sople el viento, aunque siempre con cierto tufillo merengue. “El rival es amarillo” dice Tomas Guasch, “rellenador” de espacio, maestro de la controversia casposa. Hoy en día tampoco hace falta diploma para ser periodista, y menos deportivo.
El discurso del futbol es así, injusto históricamente. Injusto con el entrenador que tiene que hacer maravillas con un equipo (el de ahora) sin los lujos de antaño, con jugadores sin el pedigrí que se le supone a los representantes de ese exquisito combinado nacional. Un esfuerzo sobrehumano para no desprestigiar a selecciones brasileñas del pasado, “todocampistas” provistos de una técnica extraordinaria que hicieron las delicias de millones de espectadores. Aquello era demasiado fácil de entrenar, “Caballeros, salgan a divertirse” les decían sus técnicos, y ellos se divertían. Lo realmente difícil era seleccionar el mejor once.
Jugando a ser técnico me parece que Dunga se equivoca en la elección del lateral derecho Maicon en detrimento de Daniel Alves, incansable correcaminos de banda, y creo que ya es hora de buscar un mediocentro de brega del estilo de Mauro Silva para ese centro del campo, en sustitución del cansado y venido a menos Gilberto Silva.
Jugando a ser juez de torneo creo que el premio al mejor jugador del torneo otorgado al abrumado Kaká, mareado todo el torneo ante la desproporción anual ofrecida por Florentino, es un insulto a los jugadores americanos Donovan y Dempsey los claros vencedores de ese premio que rindieron muy por encima de las estrellas favoritas de la prensa y de lo que se esperaba de ellos. Una vez más la injusticia del futbol. En realidad vende más una foto de Kaká en portada como mejor jugador que una foto de Donovan, aquel yanqui de la Confederaciones.
Solo resta felicitar a la canarinha y los 180 millones de brasileños por la conquista de su tercera Copa Confederaciones, sufrida y sudada con un equipo adaptado a esta crisis mundial, muy distantes técnicamente de las florituras y maravillas de los recientes Ronaldos, Romarios, Ronaldinhos y Adrianos, sin lujos excesivos, con algún que otro destello de Kaká y Robinho… aunque muy de vez en cuando. La Copa del Mundo de 2010 será, con seguridad, otra historia.
PARABENS BRASIL.
Manuel López-Benito Álvarez-Blázquez
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by Rafa
02 Jul 2009 at 09:14
Está permitido darle un 10 a un port?
by Rafa
02 Jul 2009 at 09:15
…A un post
by Benjamin Fluke
02 Jul 2009 at 15:31
Me alegro que te haya gustado.
Muchas gracias por pasarte por aquí y dejar tu comentario.
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by El negocio de la música
07 Jul 2009 at 22:15
[...] El negocio de la músicaeldiscurso.com/epilogo-de-la-copa-confederaciones-2009.html por benfluke hace pocos segundos [...]