Dos son los aspectos que hacen del desempleo en España un problema de dimensiones descomunales y posible foco de un estallido social. Por un lado, si analizamos sin apriorismos demagógicos la actuación de los agentes económicos y del Gobierno llegamos a la conclusión, con independencia de cuales sean las causas que los mueven a semejantes posiciones, que no están favoreciendo la creación de empleo, sino que además fomentan la pérdida del mismo.
Objetivamente la creación de empleo viene dada por una serie de condicionantes que no son susceptibles de discusión y que entre otras cosas necesitan de incrementos del PIB cercanos al 3% para el caso de España. Por lo tanto si buscamos obtener crecimientos del empleo sostenibles es necesario arbitrar políticas económicas encaminadas a conseguir aumentos del PIB sensibles. Por desgracia nuestra tendencia es todavía bajista, y las medidas para que esto cambie brillan por su ausencia.
Por otro lado tenemos el segundo aspecto menos estudiado pero mucho más preocupante, y que se refiere a la posibilidad real de que un elevadísimo porcentaje de los parados que engrosan las listas del INEM no puedan volverse a colocar. Es decir, tenemos una elevadísima tasa de condenados a “paro perpetuo”. Esta realidad, innegable, en cambio es susceptible de ser enmascarada, que es lo que está ocurriendo. De hecho, si se pretende hacer un análisis riguroso del problema del paro en España no se puede obviar, pues si atendemos a este aspecto veremos que las medidas necesitan de las especificidades adecuadas al perfil del parado español.
Efectivamente, si estudiamos con atención a la población en paro atendiendo a su cualificación profesional, a su segmentación por edades, a su capacidad de “reciclaje”, al sector laboral del que provienen, a la posibilidad que esos sectores vuelvan a demandar mano de obra, e, incluso, a la propia iniciativa y ganas de trabajar de gente desencantada o subvencionada, que también los hay, llegaremos a componer un cuadro tenebrosos.
Si esto no fuese suficiente, al ampliar nuestro estudio a la población que trabaja también veremos que, en muchos casos, esta también representa un obstáculo para la creación de empleo. Así, con independencia de las escalas inamovibles: -desde el funcionariado, principalmente, que copa puestos de manera vitalicia evitando la rotación-, pasando por aquellos con derechos adquiridos y que los hacen intocables, reducen muchísimo las expectativas de muchos parados de encontrar empleo.
Parados fundamentalmente por causas ajenas a su voluntad, a su preparación y a sus ganas de trabajar; que se han visto abocados al paro por que las Empresas para las que trabajaban eran de inferior calidad que la suya propia, y que tendrían una oportunidad acorde con sus cualidades si hubiese mucha más flexibilidad laboral, lo cual no quiere decir despido libre, sino simplemente flexibilidad laboral. Para estos profesionales solo cabe que se creen empleos nuevos para poder colocarse. Trabajadores viejos en empleos nuevos.
Por todo ello, mucho me temo que estamos ante un escenario donde ni se fomenta el crecimiento del PIB, -empleos nuevos como consecuencia-, ni se conoce el perfil del parado español, ni éste está capacitado para reciclarse, y sólo sabe que esta condenado a la subvención y al paro. Paro perpetuo. Solo se consuelan, por ahora, pensando que algunos de sus compañeros de desdicha están ya en el corredor de la muerte.
Markus Leroy
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