La preparación, basada en el estudio y la inteligencia,  de la dirección y de los cuadros intermedios de los partidos políticos, sobre todo de los dos grandes partidos nacionales que deben cubrir tan extenso territorio y en consecuencia estan fuertemente nutridos de personal, es una necesidad imperiosa si se pretende subsistir a la gran revolución que están provocando las redes sociales y el acceso “on time” a cualquier información interpretada por medios de difusión incontrolables y desde todos los rincones imaginables.

La opinión pública "no organizada" tiende a ser cada vez más independiente y más numerosa. Ese carácter la convierte en la llave de cualquier proceso electoral en el ámbito que se considere, -más potente a nivel nacional que local, por motivos obvios,  que podríamos enumerar, pero que también podemos resumir como "la ausencia de elementos contaminantes que la proximidad elector- elegido produce".

Por otro lado observamos como parte de la ciudadanía se concentra y se une a través de  círculos de afinidad que las redes sociales permiten, procuran y fomentan. Es curioso observar como en función de en que espacios de la blogosfera te sumerjas encuentras nichos de internautas altamente empatizados que se alimentan unos a otros, se recomiendan, coinciden en sus idearios políticos y tienen capacidad de movilización sectorial. Y, por el contrario, es poco frecuente que te encuentres con redes transversales que realmente confronten ideas o aspiraciones sin caer en el insulto y la descalificación.

Este escenario obliga a los partidos políticos a, entre otras necesidades, lo siguiente:

Promover y fomentar la posibilidad de compartir información entre sus diferentes niveles de organización de manera inmediata, continua, eficaz y constante, no sólo de arriba abajo, -consignas-, que si lo hacen, sino también y más importante de abajo a arriba y de izquierda a derecha.

Como consecuencia de esta intranet de información la dirección y los cuadros del partido deben ser capaces de digerir la información recibida y de analizarla para mejorar la comprensión de los fenómenos sociales, tan variables con los hechos cotidianos, y del desarrollo de los procesos mentales que la opinión pública realiza a diario como base de  la toma de decisión con respecto a su futuro voto. 

Otra derivada de semejante acción es la posibilidad real de acortar los tiempos de reacción del partido y sus cuadros ante esas variaciones de la opinión pública, comentadas en el punto anterior, de manera fundada y coherente, y no con una ocurrencia de emergencia tan al uso por desgracia entre la clase política española, que por ende fomenta, en justa reciprocidad, el “y tu más”  de rabiosa actualidad por estos pagos.

Por último unos cuadros informados e informantes pueden realizar la actividad más importante para la que se les requiere en esta nueva etapa post-informativa que es la de trazar y apuntar los indicadores que diagnostiquen fehacientemente y con carácter riguroso lo que ocurre en la sociedad, sean capaces de identificar aquellos elementos que inciden en la opinión pública de manera clara, y encuentren las relaciones causa-efecto de las mismas para, y este es el objetivo, entender donde están y cuales son los problemas básicos sobre los cuales es necesario intervenir urgentemente para mejorar la acción política del partido y la vida de los ciudadanos.

Es evidente que para semejante reto, que insisto, se me antoja definitivo para la persistencia de los partidos políticos actuales, es necesario contar con una dirección y unos cuadros preparados y capacitados para las nuevas exigencias requeridas que van más allá de la agitación y la propaganda. ¿Los tienen? No lo sé. Pero los necesitan. El riesgo que corren es grande. Si ellos no lo hacen otros vendrán que lo harán. Es ley de vida. Con un agravante: esta nueva etapa que ahora se abre posibilita y facilita el que surjan nuevos partidos que, con cuadros mucho más reducidos y profesionales apoyados en las nuevas tecnologías, consigan movilizar a tanta ciudadanía cansada de los viejos partidos y sus estériles disputas. La crisis también lo favorece. La ley Electoral lo prima. Pero de todo eso hablaremos otro día.

Markus Leroy

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