Los más oscuros presagios se han hecho realidad durante la comparecencia del Presidente del Gobierno ayer en el Congreso de los Diputados para explicar su visión de la situación económica nacional. Si bien es cierto que todo transcurrió por los cauces esperables durante su discurso de apertura de la sesión, más de lo mismo, con la única novedad de la creación de una comisión de estudio,- aquello que Napoleón definió como el recurso más acertado para cuando quieras que nada cambie y ganar tiempo-, se abrió una puerta a la esperanza cuando el Jefe de la oposición, tras también incidir en sus criticas que no por repetidas y acertadas obtienen más resultado que el alentar a sus bases y simpatizantes al tiempo que le resbalan a los integrantes de las bancadas del partido que sustenta al gobierno, hizo algo inesperado. Alentó a la insubordinación de las mesnadas socialistas. Semejante salida sólo se justifica si se quiere encelar al Presidente para que diga lo que dijo: “Inste una moción de censura” y a continuación recoger el guante y decirle: ¡Ahora mismo!, rompiendo de una vez este círculo vicioso en el que se enredan una y otra vez mientras pasa el tiempo y la situación se agrava por momentos.
Vanas esperanzas. Con independencia que desde esta columna se defiende la teoría de la obligación de promover una moción de censura, para perderse en primera instancia, pero para darle a conocer a la ciudadanía lo que se podría hacer con un cambio de rumbo o de gobierno, tal como ya dijimos en artículos anteriores, y aceptando que los estrategas del principal partido de la oposición prefieran dejar que se pudra el Gobierno y probablemente nosotros con ellos para heredar sabe Dios qué, lo que no es de recibo es recular y callarse tras pedir la insumisión y ser contestado como fue para no recoger ese guante de duelo al sol.
Es un papelón. Cruzada la frontera que provoca el reto del oponente solo cabe una postura: un paso al frente y aceptar. Muchas son las cualidades morales que un estadista vulnera ante semejante paso atrás. Mucho y muy grave es lo que se pierde desde el punto de vista personal cuando así se actúa. Se lo recordarán desde las filas de sus oponentes y de entre muchos de sus correligionarios como una cobardía y como una falta de alternativas válidas y plausibles. Aunque no sea cierto. Pero la mujer del César, ya saben. Si a eso se le une que el resto de los partidos del arco parlamentario están dispuestos a jugar al juego de la comisión por el Pacto de Estado", donde nada tienen que perder y seguro que mucho que ganar por el precio del consenso que pagará el partido en el gobierno, el papelón adquiere visos de crueldad. Sólo ante el peligro, pero no antes del duelo, sino tras haberlo rehusado. Sólo ante la Historia.
Es cruel observar como desde la posesión de una gran proporción de razón, desde la seriedad de los planteamientos económicos que propugna el Jefe de la oposición, desde el aval que representa “el valor reconocido” por la actuación de su partido en situaciones anteriores (Mastrich, convergencia con Europa, crisis de los 90, etc), se le chulee ahora y en el futuro por no haber dado un paso al frente en el momento oportuno. Hay veces en la vida que la ética personal obliga a un sacrificio. Ayer fue una de ellas.
Aún está a tiempo de rectificar pero mucho me temo que, como lo ocurrido en el Congreso de los Diputados ayer, todo quede en vanas esperanzas. Ya sólo nos queda Europa para obligarnos a cambiar de rumbo. Es una pena.
Markus Leroy
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