La Presidencia de turno española llega en muy mal momento para los españoles y es un bombón envenenado para el Presidente del Gobierno. Desviar esfuerzos, consumir recursos económicos y humanos y descuidar lo realmente importante para España durante los, presumiblemente, seis meses más duros de la crisis económica doméstica es un lujo que no nos deberíamos permitir. Por ende es legítimo pensar que ante semejante cuadro económico y social reflejado por las cifras macroeconómicas maquilladas y sin maquillar, ningún esfuerzo, dedicación y recursos son suficientes como para estar zascandileando por ahí. España necesita a todos, con su Presidente a la cabeza, entregados en cuerpo y alma a la tarea de la recuperación económica y a la regeneración democrática necesaria para poder ofrecer a los ciudadanos un modelo político y social sostenible. Nada hay más importante. Nada debe distraernos.
Todo aquel que ha pasado por una situación delicada sabe que todo empeño es poco; el tiempo es siempre escaso y la concentración necesaria máxima. Hace pocos días se cuestionaba en los mentideros habituales la conveniencia o no de la dimisión del Presidente de los Empresarios ante la situación de su empresa. Y no cabe más respuesta que la dimisión obligatoria por la imperiosa razón que representa el hecho de que, con lo que tiene encima, no puede dedicarse a otra cosa, y menos a ostentar cargos de representación que no hacen sino que restarle lo único que no tiene: tiempo. Razonamiento válido para nuestra presidencia de turno.
Pero el Presidente está mal aconsejado si no le hacen ver el veneno que encierra el cargo. La práctica habitual en España desde la transición, como lo era en la dictadura, tiende a identificar al Poder con el personaje que ostenta la máxima representación ejecutiva. Sin embargo el Ala Oeste de la Moncloa, como antes lo fue la de El Pardo, es la consejera que debe evitar que el Jefe se meta en jardines innecesariamente. Y el Ala Oeste no está aconsejando bien.
La importancia de este equipo en la sombra es tanto más importante cuanto menor es la capacitación y el criterio del Jefe, lo cual no es una afirmación menor. De tal manera que consejos, estilos, medidas y puestas en escena más o menos efectistas que pueden obtener magníficos resultados fronteras adentro, se vuelven lanzas cuando se pretenden aplicar a una entidad como la Comunidad Europea. En ella hay gente muy preparada con “alas oeste” de primer nivel y una opinión pública multitudinaria, variada y no “controlable”.
De tal manera que toda prudencia es poca. Si además, de manera temeraria, te presentas como el adalid de la recuperación económica europea cuando tu país, donde llevas gobernado casi siete años, está a la cola precisamente en ese aspecto, no deja de ser chocante por no decir algo más fuerte. Europa no está dispuesta a hacer experimentos con Champagne.
Pero no debes perder suelo y entender que estás flanqueado por una Presidente de la Comisión y una Presidente del Consejo, con mandatos mucho más largos que el tuyo, elegidos no por turno, y con equipos preparados. Por ello lo aconsejable sería una Presidencia de turno de perfil bajito, que sirva para aprender en las reuniones a las que asistas y sin dedicarle mucho más tiempo que el estrictamente necesario por razón de la inoportunidad que esta presidencia representa. La otra sería dejar correr el turno. El ejemplo del primer ministro de Irlanda del Norte, que dimite un rato, es otro ejemplo de que cuando tienes problemas, y los priorizas, no estás para nada más que para el primero. En este caso su mujer. Para el Presidente español esos deberíamos ser nosotros, los ciudadanos bajo su representación.
La rueda de prensa de la semana pasada, con independencia de la salida de tono de nuestro Presidente ante una pregunta de una periodista, no representó un airoso papel. Muchos tuvimos la sensación que el Presidente español hizo la presentación de la rueda de prensa de Van Rompuy y Barroso. El primero hizo un discurso en inglés, con contenido programático claro para el horizonte del 2020, y respondió a las preguntas en el mismo idioma. Barroso hizo el suyo en un muy buen castellano, con enjundia y chicha, y contestó en inglés. El nuestro estaba perdido. Reía. El Ala Oeste de la Moncloa tiene mucho trabajo.
Markus Leroy
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