Muchas son las cualidades que deberíamos exigir a nuestros gobernantes para que, con independencia de sus aciertos o sus errores, nos encontrásemos a gusto con su representación ejecutiva. Pero hay dos virtudes que deben ser de obligada presencia: la humildad necesaria y la inteligencia suficiente para aceptar que pueden no saber de muchos de los temas para los que se les pide gobierno y gerencia. Por desgracia no es así. Visto lo visto estos días, una vez más, cobra rabiosa actualidad el comentario de Platón sobre Alcibíades cuando lo catalogaba del peor ignorante: “el que no sabe que no sabe”.
Markus Leroy
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