Inflación o deflación, e aquí el dilema. Los economistas saben que las “expectativas” definen el comportamiento de los inversores, los empresarios, los trabajadores y hasta de la clase política, haciendo que siempre se cumplan aquellas. De tal manera que si temen inflación actúan de tal manera que ayudan a que se produzca y lo mismo ocurre si las expectativas son de deflación. Por lo tanto, el primer paso es ponerse de acuerdo en las “expectativas". Atacar la crisis puede hacerse desde varios frentes pero cuidado con no contradecir las expectativas. Veamos lo que se discute hoy.
Unos defienden que la crisis ha tocado fondo. Si el dinero se mantiene barato y fácil de conseguir hará subir los precios, estos a los salarios, y estos al consumo en detrimento del ahorro. El consumo alimentará la noria y nos introduciremos en una espiral inflacionista salarios-precios con resultados parecidos a los que acabamos de sufrir y que nos han llevado a este pozo. El Banco Central Europeo y la Reserva Federal en Estados Unidos se verán abocadas a cambiar sus políticas monetarias en aras de no provocar semejante escenario. Subir el precio del dinero, ya.
En la otra banda están los que defienden que el exceso de oferta por contracción de la demanda es la responsable de la situación económica. Las altas tasas de desempleo, la sobredimensionada capacidad productiva de muchas empresas y la grave situación de sectores estratégicos como el del automóvil, impiden que se equilibren la oferta y la demanda. Si el dinero no se mantiene barato la espiral de precios bajos -salarios bajos nos conduciría a una deflación de características no evaluadas pero, en cualquier caso , gravísimas. Por tanto el peligro hoy se llama, para ellos, deflación. Actúese sobre la demanda y evítese el problema, pero no se suba el precio del dinero y oblíguese al sector financiero a conceder préstamos al consumo.
Los primeros contraatacan diciendo que la inflación por ellos anunciada hará subir los productos básicos, las materias primas, el petróleo y los alimentos. Si para entonces todavía mantenemos semejante nivel de desempleo, ya no hablaremos de inflación ni deflación sino de "estanflación". El peor escenario posible. Las espadas están en todo lo alto. Veremos como acaba.
Y ahora un dato de última hora: El Banco Central Europeo acaba de prestar 442.000 millones de euros a los bancos europeos que han acudido a la primera emisión de financiación a 12 meses. Se anuncian más. El euribor marca otro mínimo histórico diario en el 1,570%. Parece clara la opción a este lado del Atlántico. Crucemos los dedos.
Markus Leroy
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