Los españoles estamos acostumbrados a discutir sobre temas económicos sin cuantificarlos, lo que no deja de ser paradójico. Algo debemos tener en el subconsciente colectivo para que la paradoja se repita  de manera recurrentemente y  con gran frecuencia.

No hay tema de mayor actualidad en los mentideros políticos, en los medios de comunicación, en los pasillos de los organismos oficiales y en barras de los bares,  que la ampliación a 67 años, en primera instancia, de la edad legal de jubilación. Opiniones para todos los gustos, matizaciones ideológicas, casuísticas personales, y ocurrencias filosóficas inundan el ambiente patrio. Pero ni una cifra. Ni un valor. Se defiende o se ataca la medida, económica por supuesto, llamada a la hacer sostenible el sistema de pensiones patrio -(obsérvese como el término sostenible sirve tanto para un roto como para un descosido)- pero sin cuantificarla económicamente y poder , por tanto, emitir un juicio razonado sobre su bondad.

Para poder opinar “económicamente” de esta ampliación de la edad de jubilación El Discurso propone que se le haga al Presidente del Gobierno, con carácter de urgencia y por aquellos que tienen acceso a él, las siguientes cinco preguntas:  

Primera pregunta: ¿Podría cuantificar el ahorro anual que supone el aumento de la edad de jubilación de 65 a 67 años, entendidos como resultado de la suma de las aportaciones a la Seguridad Social de esa masa laboral de 65 años, más el ahorro que supone no pensionarlos?

Segunda pregunta: ¿Se ha parado a pensar y puede cuantificar  cuanto cuesta el tapón que representa para la obtención del primer empleo en la masa juvenil parada ese aumento de la edad de jubilación y en consecuencia, para la productividad laboral, el consumo privado y el aumento de los ingresos del Estado, tres de los motores que han de hacernos levantar el vuelo?

Tercera pregunta: ¿Ha cuantificado el aumento de consumo, que usted propone reactivar, que representa un jubilado frente a un no jubilado, aunque sólo sea por el tiempo disponible para poderlo llevar a cabo  y  la enorme actividad económica que hoy en día gira alrededor de la figura del jubilado?  

Cuarta pregunta: ¿Podría valorar económicamente el papel que vienen realizando los jubilados para la cohesión familiar, su trabajo y dedicación a la familia, como potentísimo agente económico de hoy en día, que hace posible, en infinidad de casos, que las parejas jóvenes puedan trabajar y tener hijos?

Quinta pregunta: ¿Contempla el coste que una previsible huelga de brazos caídos y bajas “técnicas” que pueden llegar a adoptar los trabajadores prorrogados durante el período de transición que Usted propone? ¿Cree firmemente que aquel trabajador cuyo período de vida activa se amplía en 2,4, 6, u 8 meses no se va a “jubilar” con anterioridad, motu proprio,  y tan sólo se quede esperando a que avance el calendario cobrando el sueldo y acordándose de Usted?  

Para hacer las cuentas, como en los impresos de Hacienda,  súmese, con su signo, los resultados obtenidos por sus respuestas en 1, 2, 3, 4 y 5. Entonces, y sólo entonces, podremos opinar sobre la bondad de la medida. Nosotros y su Gobierno.

Markus Leroy


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