Me comentaba ayer mi suegra que cuando volvían de fin de semana a la estación de Santiago, mientras estudiaba la carrera, allá por los cuarenta, tomaban un autobús que llevaba a los estudiantes al centro de la ciudad. Se llenaba inmediatamente. Tal es así que el cobrador,desde la parte posterior del vehículo, gritaba al conductor : "Ramón, no pares ni a Dios, que vamos llenos".
Otros tiempos.
Markus Leroy
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by Londres: La ciudad inacabada | El Discurso.com
20 May 2009 at 17:41
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