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Hipótesis: La fusión de las Cajas de Ahorros traerá como consecuencia una legión de prejubilados y una inflación de bajos comerciales en el mercado como consecuencia del cierre de oficinas. Lo que ha sido un pequeño goteo de venta de sucursales, con el Banco de Santander a la cabeza, pronto se convertirá en lluvia fina, allá por septiembre,  y terminará lloviendo a cántaros en Navidad.

Las grandes superficies de alimentación, enemigas naturales de las cadenas de supermercados y autoservicios de proximidad, no lo están pasando bien y el futuro augura tiempos peores debido a que dos factores fundamentales de su estrategia empresarial están fallando al unísono.

Primero: la caída del precio del dinero ha menguado hasta hacer desaparecer sus beneficios financieros – compran a sus proveedores con una media de plazo de pago de 80-90 días, si no es más alta, y cobran a sus clientes al contado obteniendo así puntas de tesorería altísimas para colocar a plazo con hasta ahora resultados aceptables. Partida importantísima en sus Cuentas de Resultados que se ha venido abajo.

Segundo: su acción comercial se basa en hacer creer que en sus locales se compra más barato y que compensa el coste de transporte y de tiempo empleado en el desplazamiento de la clientela hasta sus salas de venta . Aceptada la premisa, los clientes solían ir dos veces al mes de media y hacían compras por importes no inferiores a 180-200 €  dependiendo de las zonas de España y del surtido básico del carro. ¿Quién tiene hoy 200 € o capacidad crediticia equivalente- tarjeta de crédito- para gastar de una vez?. Su número se ha visto reducido drásticamente y muchos de aquellos “carristas a rebosar” se han reconvertido en clientes de menudeo en la tienda de su barrio que le permite comprar lo básico de 15 en 15 €. Amén de que la crisis evita cualquier tentación de compra por impulso, otra de las armas secretas de las grandes superficies.

Lo qué es malo para ellas es bueno para las cadenas de supermercados, que cuentan con tiendas de proximidad adecuadas a surtidos básicos, con trato personalizado y con un desarrollo de marca blanca muy maduro. Sin olvidar a los fabricantes que en gran número añoran los tiempos de antes de la explosión demográfica de las grandes superficies, y que en una hipotética guerra se volcarían con aquellas. Se espera  un trasvase de clientela lo suficientemente importante hacia los supermercados para que justifique un aumento del número de locales abiertos al público.

Tesis: Muchos de los locales que tiene que vender la banca se convertirán en tiendas de proximidad. Variadas son las formas de colaboración y entendimiento que hacen que el precio de la transacción no sea lo único importante. Existen intereses de colocación de pasivo controlado y de Balance en la banca, y  de establecimiento y obtención de líneas de financiación en los supermercados. Incluso no se descarta el accionariado compartido en la explotación de las tiendas  mediante una  hipotética joint-venture, lo que abre el abanico de soluciones y lubrica el camino hacia un acuerdo.

Corolario: Volveremos a ver las libretas -no de ahorro- para apuntar las compras financiadas de muchos clientes. Las paredes que durante tanto tiempo han oído: -Ingrésame en esta libreta 50€ – oirán lo qué yo oía tantas veces  en mi infancia esperando el turno para comprarle a mi abuela un cuartillo de vino blanco de Castilla en la tienda de Mari. Acabada la compra, y después de haber "repasado" al barrio, y ahora con prisa,  la clienta anterior exclamaba:- “Mari, me tengo que ír. Dame los puntos para la cartilla y apúntamelo en la cuenta-”

Markus Leroy

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