Los alemanes están cansados de pagar las facturas. Con buena lógica no quieren rescatar a los griegos, ni en su día a los españoles, que siguen embarcados en políticas económicas que ponen en gravísimo riesgo la estabilidad de la Unión Europea. Se resisten a ser los bomberos del continente. Invocar a la europeidad solidaria para que los recaten de la hoguera gobiernos manirrotos y poco valientes para implementar las reformas estructurales que la actual situación económica mundial obliga, les parece un insulto. Un insulto a su inteligencia y un insulto a su austeridad presupuestaria, a su buen hacer, y a su sacrificio.
El gravísimo déficit griego, español o portugués, no es más que la consecuencia de una manera de gobernar para la que no les pidieron opinión ni escucharon sus consejos. ¡Qué vendan la Acrópolis¡ ¡Que vendan las islas! son algunos titulares de los periódicos alemanes, al tiempo que representa un clamor popular en las calles.
¿Por qué hemos tenido que subir la edad de jubilación de 65 a 67 años mientras los griegos discuten y protestan por subir la suya de 61 a 63? ¿Es que quieren que los alemanes la subamos de 67 a 69 para que los griegos o españoles puedan disfrutar de su pensión? Son otras preguntas que se hacen los alemanes del común.
Recientemente un ministro griego se quejó a la BBC que los nazis "se llevaron el oro griego que estaba en el Banco de Grecia". Otro que apela a la memoria histórica.
Lo que no dice es que los alemanes han estado pagando por la unidad europea – no sólo en divisa contante y sonante sino también mediante los subsidios agrícolas, la asistencia a las regiones más pobres, las carreteras en España e Irlanda, y así sucesivamente, durante décadas, sin quejarse. Tampoco dicen que el euro se tambalea por culpa de la deuda nacional de Grecia y algun que otro socio europeo más, entre los que nos encontramos.
Los alemanes consideran que han pagado con creces la factura de la II Guerra Mundial. Y que ya está bien. Algún que otro país de los considerados serios se están planteando la misma cuestión. Francia es uno. ¿Se imaginan lo que ocurriría con la Unión Europea si Francia y Alemania deciden bajarse del tren comunitario?.
Entre tanto nuestro Presidente se somete a una comparecencia pública televisada mediante el formato de entrevista pactada con periodistas poco incisivos en sus preguntas, para decir a quién quiera oirle, alemanes incluidos, lo mismo de todos los días y hacer, una y otra vez, igual que desde el comienzo de la crisis económica, nada bien encaminado. ¿Qué habrán pensado ayer los alemanes y franceses?
No debemos descartar que la actual Unión Europea se resquebraje. Y entonces cada oveja con su pareja. ¡Como para echarse a temblar!
Markus Leroy
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