El mundo de la información, la rapidez de la difusión de las noticias, la globalización y esta herramienta llamada Internet han conseguido que todo aquel que tiene algo que vender haya llegado a la conclusión que lo importante no es lo qué tiene para ofrecer, sino cómo, dónde, con quién, y para quién tiene que hacerlo. Digo esto por que tras el tsunami financiero y la crisis económica, el poder político ha llegado a la conclusión que no es importante conocer las causas que la produjeron, cómo el más elemental método científico aconseja para poder atajarla y evitar que se reproduzca. Eso que se llama causa-efecto. Por el contrario, en una pirueta propagandística, deciden que basta vender dos ideas básicas, qué a fuerza de repetirlas calen en la ciudadanía, a saber: -los responsables son otros, y la solución es un cambio de modelo económico, qué es para lo que están hechos ellos y han sido elegidos.
Hagamos un símil con algo más cotidiano y sin carga ideológica, es decir, entendible sin que el sectarismo afecte al razonamiento. En el hambre y en la enfermedad no hay ideología que valga. Vamos con el símil.
Supóngase que vas con tu madre al hospital aquejada de fiebre alta, agudos dolores en el abdomen y vomitando. El médico de guardia, sin ningún tipo de exploración previa pero muy campanudo, que eso impacta mucho máxime si estás asustado ante la probabilidad de quedarte huérfano de madre, te dice: la culpa del cuadro clínico de su madre la tiene su padre. Usted lo que tiene que hacer es cambiar de madre. Y a continuación viene la venta de producto a modo de recomendación. Desde la suficiencia de un presunto, pero falso, criterio de autoridad que le confiere la bata blanca dice : “Usted necesita un cambio de madre. Una madre renovable y sostenible, poco contaminante y conocedora de las nuevas tecnologías. Susceptible de poder invertir en ella, aumentando la cuota de I+D+i. Una madre adaptada al cambio climático que nos amenaza. Por cierto, eso también es culpa de su padre. En una palabra un nuevo modelo de madre". Estupefactos. ¿Sí o nó? ¿Aguantarías semejante consejo? Todos coincidiríamos en que "-mi madre es mi madre y a usted lo conocí en la calle-". Una respuesta del tipo: -No quiero oír como sería otra madre, ni me fío de que usted sepa lo que dice. Me parece que me está vendiendo un piano para ocultar que el problema es que de medicina interna, es más que de medicina, no tiene ni idea. Por si acaso dígame dónde está el libro de reclamaciones-, sería la apropiada. Pobre mamá.
Markus Leroy
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